Mostrando entradas con la etiqueta convivencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta convivencia. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de enero de 2016

Carlos. El Maluco "desgraciado"

Quiero comenzar aclarando que cuando escribo "desgraciado" no lo hago a modo de insulto, más allá de ser consciente de que representa un adjetivo calificativo con denotación negativa. "El desgraciado" es un apodo y no fuí yo quien lo escogió, si no que fue el mismo Carlos quien decidió apodarse de esa manera. Por lo menos eso dejó en claro cuando se presentó, autoproclamándose a los gritos así, la mañana que cruzó el portón principal del redario Iguana en Alter do Chao, dónde yo estaba viviendo. Ese día sentí primero el ruido del llamador de ángeles -que se encontraba en la puerta simulando una especie de timbre, algo bastante jipi- y, posteriormente, una voz vencida por la fatiga que buscaba sonar fuerte.

"Hola hola hola! Llegó el desgraciado! Buenos días desgraciados, hola hola hola"

El desgraciado es un tipo de alrededor de, más o menos, unos 70 años. Pero la realidad es que su edad es para mí incierta; Solo me guio por los parámetros que me transmitieron sus rasgos, algunas arrugas superficiales del rostro y su estructura física. Colombiano. Muy delgado, alto, de cabello entrecano -más "cano" que "entre"- a la altura de los hombros, de naríz prominente y piel morena -como Thalía en Marimar- Su forma de vestir es única, característica y personal. Pero a pesar de llevar muchas cosas encima, su outfit de prendas grandes, camisas holgadas y pantalones pinzados, nunca estaría completo sin el broche de oro: Aquel sombrero de medio vuelo desgastado por el tiempo y el uso, con plumas y algunos pins de viajero en los laterales. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Morro da Piroca. Mi hermano como apoyo incondicional

My brother <3
A diferencia mía, mi hermano y Siske gustan mucho de caminar, trepar, colgarse de las piedras, acariciar tarántulas, etc etc. Yo, muy por el contrario, soy una especie de ameba contemplativa -amo la naturaleza y todo lo que ella propone pero más que nada para observarlo, escribir y relajarme. Y no tanto la parte de experimentarla todo el tiempo a través de la practicidad como hacen ellos, digamos- Eso puede traducirse en una sola cosa: Sacarme a mí a hacer una caminata extensa por la selva es una tarea extremadamente difícil, imposible diría. Para lograr que yo haga algo así tienen que recurrir a la mentira u omisión, al mágico recurso de trocar distancias o no serme del todo claros con el objetivo planteado. Con la trilha del Morro da Piroca, en Alter do Chao, pasó eso. Ellos decidieron llevarme a hacerla, me plantearon una pequeña caminata por la playa para ver la puesta del sol, no me dejaron pensar siquiera y me arrastraron. Cuando quise darme cuenta de lo que estaba pasando, yo ya estaba atrás de ellos moviendo los pies en el agua como una pelotuda, cruzando el río haciendo quilombo para que no me pique una raya asesina de las que hay acá. 

Ilusa yo, iba caminando por las playas de arena blanca con la cámara en mano, alucinada con los paisajes, las personas, las construcciones y fotografiando absolutamente todo lo que mis ojos podían capturar. Siempre atrás, siempre. Ya que tiendo a ser más lenta que el resto y me cuelgo con cada forrada que pasa a mi alrededor cual chino turista.

Prueba contundente de lo mencionado anteriormente

jueves, 10 de diciembre de 2015

Problemas escatológicos II: También en Alter do Chao


Cuando pensé que ya había superado parte de mis traumas escatológicos y que había conseguido madurar, haciendo realidad el más profundo anhelo utópico de mis progenitores... La vida me puso a prueba nuevamente de forma sorpresiva y contundente. Antes de salir del camping a dar una vuelta por mi nuevo barrio paradisíaco, me dirigí al baño de mujeres casi corriendo. Tenía la urgencia número uno y, después de los 30 años, la incontinencia urinaria parece haber comenzado su ciclo en mi persona. Abrí la puerta con las patitas temblando, casi bailando salsa, no podía más de las ganas de hacer pis. Levanté la tapa del inodoro y ahí lo vi... El yellow submarine de los Beatles a punto de viajar a los lugares más inhóspitos de las canñerías de Brasil. Casi tímido, estaba alojado en el hueco que separa el agüita sanitaria del resto del mecanismo. A punto de irse, solo le faltaba un empujoncito. El problema era que si yo jalaba la cadena, después tendría que esperar alrededor de 2 minutos más a que se llene la mochila del baño, ahí encerrada mirando las paredes. Pero como no era que flotaba libre cual paloma blanca sentada en el verde limón, si no que más bien estaba atrapado en el medio del trayecto del ciclo inodorístico, no me preocupé demasiado. "Está a punto de irse" pensé. Eso, acompañado de los movimientos espásticos de los cuales estaba siendo víctima debido a la presión exagerada de mi vejiga a punto de explotar sobre mi bajo vientre, hicieron que llegara a una decisión extrema: Si, me senté a hacer pichín sobre un sorete ajeno a punto de irse. Era matar dos pájaros de un tiro. Así fue que hice pis, me sentí tan aliviada que por un momento me olvidé de la cochina determinación que había tomado debido a la urgencia. Ya habiendo terminado me sentí orgullosa de mí misma, toda una mochilera, "Gisela estoy orgullosa de vos, measte sobre el sorete de otro liberándote del doloroso estigma fraternal que te aqueja bajo el apodo de Susana Gimenez" me dije. 

martes, 17 de noviembre de 2015

"Um chimarrão gostoso se faz assim": Recolección de equipo matero

"Un mate gustoso se hace así" O por lo menos eso dice -en sus indicaciones de preparación al costado- el paquete de erva-mate que conseguí en Sao Luis después de un mes de vivir acá y de haber llorado todos los días por no haber podido tomar mate llegando a protagonizar situaciones extremas propias de un tango como secar una yerba usada al sol para rehusarla. Lo más irónico de todo es que siempre hubo yerba, incluso en el mismo supermercado al que fui incontables veces para ahorrar chirolas, pero yo nunca la vi.

El equipo de mate improvisado que pude armar en cuotas después de tres meses de salir de Argentina.
El paquete tiene una combinación de colores nefasta con la imagen de unos gauchos en el frente. Se llama chimarrão dos pampas aunque, sinceramente, debería llevar un nombre como "terrible poronga" o "esto es solo un compendio de polvo con algunos palitos". Me salió carísima, alrededor de R$12. Todo porque los brasileros no consumen estas cosas y saben fehacientemente que solo los extranjeros compramos productos como este, así que deciden deliberadamente rompernos el culo con el precio.

* * * *

Desde que salí de Argentina hasta hoy, puedo afirmar que no tuve suerte a la hora de tomar mate. Primero mis cervicales la parieron, ya que no tuve mejor idea que, por las dudas, traerme 3Kg. de yerba argentina en la mochila para aseverar que soy una mina preparada en todo momento. La yerba para mí es más importante que los tampones, con eso les digo todo. Mi ansiedad, por lo general, deviene en angustia oral y, para no fumarme 25 cigarrillos por segundo, lo que hago es apalear mi adicción con otra que creo menos dañina, es decir: Abusar de la mateína para no matarme con los puchos.
Cuando llegué a Brasil, me di cuenta que no había traído mi equipo básico de supervivencia, el de mate, claro. Tenía un arsenal de yerba pero absolutamente nada contundente con qué tomarla. Puteé bastante pero no me hice mucho problema pensando de una forma demasiado ilusa que podría comprarme todo el kit nuevo y continuar con mi vida normalmente sin asesinar a nadie. Me equivoqué. No conseguí una puta bombilla -acá ni saben lo que es- o un mate que no tenga el tamaño de un flete por ningún lado. Con un portugués horrible, solo me quedaba la opción de jugar al dígalo con mímica en cada mercado, mercadito, súpermercado, almacén, bar o whatever que entrara. Ahí empezó la desesperación que, posteriormente, mutó a la mendicidad. Al comienzo tuve que depender de la circunstancia meramente azarosa de cruzarme con algún argento o uruguayo que quiera convidarme un mate y cuando eso pasaba SIEMPRE eran amargos. Yo tomo el mate más dulce y horrible del mundo. Para prepararlo no sacudo la yerba, meto todo a lo bruto en el poronguín, le clavo la bombilla en seco y después lo lavo al toque con agua hirviendo colapsada de edulcorante. Es la única forma en que puedo pasar tan preciada bebida. El mate amargo me produce síntomas de gastritis y además siento que me cagó casi paralelamente al primer sorbo de manera instantánea.

* * * *

Lo bueno de todo esto, es decir, de no haber tenido mis cosas... Fue que en la búsqueda de las mismas, en el camino para obtenerlas, gané mucho más que artículos. Estas son algunas de las lecciones que me dio la vida gracias a la incoherente falta de mi termo, mi mate y mi bombilla.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Gisela vs las SS (Siri y Siske)

Mi amiga europea Vanessa -Siske para los amigos- que también es mi roomate, compañera de viaje y de emociones, esta pasando por un período de revolución hormonal devenido en bipolaridad extrema -resultado de las contraindicaciones de un antibiótico que está tomando actualmente- comenzó a hacerme planteos muy similares a los que me haría una pareja a la que no le doy la atención suficiente. No obstante con eso, me acusa vilmente de abstraerme del mundo cuando me pongo a escribir y, posteriormente, cubre el vacío existencial que aparentemente yo le dejo, con una voz cibernética proveniente de la inteligencia artificial de su Ipad que, orgullosa, se autoproclama SIRI de una manera extremadamente soberbia y que entabla con Vanessa conversaciones -demagógicas- en perfecto español neutro.

Entonces, mi contexto hogareño diario -en la recalcada concha del mono- vendría a ser algo parecido a una charla de café entre una máquina de bolsillo y mi amiga que, además, usa dicho aparatejo como medio para hacerme planteos indirectos carentes de toda sensibilidad hacia mi persona, en stéreo con una máquina. Muy Terminator 3 todo.